Embriáguense! (Traducción de "Énivrez-vous", de Charles Baudelaire)

Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: ésta es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso.Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. Pero embriáguense.Y si a veces, sobre las gradas de un palacio, sobre la verde hierba de una zanja, en la soledad huraña de su cuarto, la ebriedad ya atenuada o desaparecida ustedes se despiertan pregunten al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregúntenle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, contestarán: “¡Es hora de embriagarse! Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, ¡embriáguense, embriáguense sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca.

TRAGEDIA DE LOS CABALLOS LOCOS, DE JAIME DE SILES

Dentro de los oídos,
ametralladamente,
escucho los tendidos galopes de caballos,
de almífores perdidos
en la noche.
Levantan polvo y viento,
al golpear el suelo
sus patas encendidas,
al herir el aire
sus crines despeinadas,
al tender como sábanas
sus alientos de fuego.
Lejanos, muy lejanos,
ni la muerte los cubre,
desesperan de furia
hundiéndose en el mar
y atravesándolo como delfines vulnerados de tristeza.
Van manchados de espuma
con sudores de sal enamorada,
ganando las distancias
y llegan a otra playa
y al punto ya la dejan,
luego de revolcarse, gimientes,
después de desnudarse las espumas
y vestirse con arena.
De pronto se detienen. Otra pasión los cerca.
El paso es sosegado, y sin embargo inquieto,
los ojos coruscantes, previniendo emboscadas.
El líquido sudor que los cubría
se ha vuelto de repente escarcha gélida.
Arpegian sus cascos al frenar
el suelo que a su pie se desintegra.
Ahora han encontrado de siempre, sí, esperándoles,
las yeguas que los miran.
Ya no existe más furia ni llama que el amor,la dicha
de la sangre,
las burbujas amorosas que resoplan
al tiempo que montan a las hembras.
Y es entonces el trepidar de pífanos,el ruido de cornamusas,
el musical estrépito
que anuncia de la muerte la llegada.
Todos callan. Los dientes se golpean quedándose
soldados.
Oscurece. La muerte los empaña, ellos se entregan
y súbito, como en una caracola fenecida, en los oídos escucho
un desplomarse patas rabiosas, una nube de polvo levantado
por crines,
un cataclismo de huesos que la noche se encarga
de enviar hacia el olvido.

CLARIDAD DEL DÍA, DE CARLOS SAHAGÚN (1938)

Te digo que ésta ha sido la primera
vez que amé. Si la tierra que ahora pisas
se hundiera con nosotros, si aquel río
que nos vigila detuviera el paso,
sabrías que es verdad, que te he buscado
desde niño en las piedras, en el agua
de aquella fuente de mi plaza. Tú,
tan flor, tan luz de primavera, dime,
dime que no es mentira este milagro,
la multiplicación de mi alegría,
los panes y los peces de tu pecho.
Contéstame. No quiero hablar yo solo,
estar -yo solo- alegre. Te amo. ¡Fuego,
la mañana hace fuego y nos golpea
los corazones! Levantémoslos
arriba, siempre arriba. Alguien nos lleva,
alguna mano pura nos empuja.
Aire en el aire, iremos a aquel monte.
Cristal en el cristal más limpio, un día
nos miraremos hasta emocionarnos.
Y ya lo estamos como nunca. Dame
la mano. Si me dices que eche al río
mis versos, yo los echaré, si quieres
que arranque aquella flor y te la traiga,
te la traeré. Pero anda, ven conmigo.
¿Ves un pinar allá a lo lejos? Vamos.
Ya todo es nuestro: el buen camino, el árbol,
la generosa claridad del día.

viernes, 23 de enero de 2009

Soy tiempo

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Transcurre el tiempo,
una suma de restas ante
la ignorancia,
la mirada y el sueño.
Una vida se expresa en el instante,
en la exhalación de una palabra;
segmento que fragmentan mis pasos.
Rompe el llanto; silencio
en el último peldaño.
Escaleras abajo, el silencio
se oculta en la oscuridad
que no se desnuda.
Sueño ser tiempo,
continua suma de fragmentos:
la negación, lo imposible;
sin embargo, despierto
y duda la existencia;
se desvanece.
Extiendo mis manos
en el universo, confines
que se apagan como el fuego;
girasoles.
En el desierto se extinguen mis manos,
en la inmolación; bajo el sol
estalla la arena.
Se refugia mi sombra,
erupción de las estrellas muertas;
la respiración,
llama extinta que libera al lobo
de la oscuridad,
guarida rota de las horas; niebla.
Se disipa
la intención de una mirada.
Sueño, pero soy de arena;
a cada paso, el universo:
viento inalcanzable,
el aliento; se dispersa.
De la boca nace el hijo
muerto de la aspiración,
entre estatuas de tiempo:
el instante de una vida,
la exhalación de una palabra.

Por Daniel Groz, de "En el jardín de atrás florecen las sombras".

2 comentarios:

tubeth2000 dijo...

Hola, gracias por compartirlo...yo tambien escribo, te invito a conocer mi espacio http://poemasdelalma2.blogspot.com

Ana dijo...

www.poesiasdelaire.blogspot.com